
Hace un tiempo leí un artículo que con un nombre llamativo: “Teoría de las Ventanas Rotas” que aunque era revelador en su contenido no le di mayor importancia y quedo tapado rápidamente por la avalancha de información a la que estamos expuestos diariamente.
Pero en mi estadía en Barcelona, en mis cotidianos y largos viajes en el sistema público de transporte hacia las oficinas donde trabajaba en aquel momento, fue donde me dedique a observar la ciudad, la gente, las costumbres, los detalles… y en uno de esos tantos trayectos volvió a resurgir el contenido de ese artículo.
Empecemos por el principio… de que hablaba esa teoría…
En 1969 un psicólogo de la Universidad de Stanford, Philip Zimbardo, llevo a cabo un curioso experimento. El mismo consistía en tomar dos autos iguales y abandonarlos en dos zonas radicalmente distintas de la ciudad, uno en las calles de Bronx de Nueva York, un lugar bastante duro, y su gemelo lo dejo en un barrio de clase media en Palo Alto. A ambos vehículos se les arranco su matrícula y se los dejo con las puertas abiertas… La idea era ver qué pasaba…
Lo que paso en primera instancia es en cierto modo predecible. El auto del barrio pobre fue desmantelado a las pocas horas y luego destruido… en cambio el del barrio de mejor clase, no le paso nada por una semana… fue entonces, cuando…. Zimbardo decidió destruir una de las ventanas del vehículo… y para sorpresa, luego de unas horas quedo en similares condiciones que su homónimo del barrio pobre…
Fue con este experimento que se dio lugar a la Teoría de las Ventanas Rotas, 26 años después, formulada por James Wilson, licenciado en ciencias políticas y Geroge Kelling, criminólogo. La misma sostiene que si alguien rompe una ventana de un edificio y no se la repara rápidamente, servirá de incentivo a romper las demás ventanas. También esa ventana rota crea una sensación de desorden que atrae a criminales y gente del bajo mundo, generando una espiral hacia la dejadez, destrucción, violencia, etc. Las personas decentes comenzaran a mudarse a otros lugares, o a permanecer encerrada en su casa, a caminar rápidamente por las calles, a ceder los espacios públicos que rápidamente serán invadidos por la suciedad, destrucción y crimen.
Vale la pena aclarar, que por ventana rota, nos referimos a muchas más cosas que a una simple ventana. Pintar grafitis, tirar basura en la vía pública, dañar espacios y transporte público, y cualquier otro delito menor que nos podamos imaginar, contribuye a formar esa idea de que aquí a nadie le importa nada, nadie controla, y por lo tanto la gente que transgrede esos límites, comenzara a ser mas, y cada vez con mayor intensidad hacia una violencia irracional… hoy unos cuantos se cuelan por el metro, después habrá gente que haga sus necesidades en la vía pública, luego que se drogue, hasta llegar a los crímenes.
Eso es lo que postula esa teoría, el crimen es el resultado inevitable del desorden, como toda teoría tiene gente a favor y gente en contra. En New York se aplicó, al principio en el metro, y se obtuvieron los resultados esperados aunque en otras ciudades no obtuvieron mejoras significativas. Debemos tener en cuenta, que no debe ser una acción puntual, sino algo continuo… manzanas podridas habrá todos los días y hay que sacarlas pronto, antes que contaminen al resto.
Como en todo, irse a los extremos no es bueno. El código penal de Estados Unidos se basa en aplicar penas muy duras a los delitos, no busca la reinserción de la persona sino que lo juzga por lo que puede llegar a ser o hacer. Ni hablar de las cosas que se han hechos y se hacen para prevenir terroristas…
En esos tres meses y medio que viví en esa ciudad europea y al contrastarla con una ciudad como Córdoba-Argentina, me sirvió para entender mucho mejor lo de las ventanas rotas.
Porque a pesar de las diferencias económicas, ambas ciudades están formadas por latinos, Barcelona últimamente con una cantidad cada vez mayor, que son personas que traen muchos de sus “vicios” de sus países de origen. Entonces al avanzar el verano, comencé a observar como la ciudad iba decayendo, como un día se veía un grafiti perdido en alguna pared, y en un par de días, eran varias las paredes con ese arte ciudadano, como la gente comenzaba a colarse cada vez más en el transporte público, a hacer sus necesidades fisiológicas en la vía pública, etc.. y eso era porque la gente encargada de mantener el orden, de reparar los daños, así como la mayoría de la sociedad española estaba de vacaciones y como dice el dicho.. cuando el gato no está.. los ratones bailan.
Es por eso, que “gastar” grandes sumas para mantener una ciudad bonita, destinar recursos humanos para controlar los delitos pequeños como pagar los medios de transporte, respetar los semáforos, los estacionamientos y sobre todo los bienes públicos, tiene que ser considerado como una gran inversión para evitar la entropía en una sociedad.
Una última reflexión sobre el tema…
Esta teoría no solo deberíamos verla como algo externo, como algo de la sociedad, sino que también deberíamos considerarla en nuestra propia vida y pensar hasta qué punto, nos afecta las cosas que descuidamos de nuestro “mundo”. Cuantos nos influye vernos en el espejo barbudo despeinado, gordo, totalmente descuidados en nuestra apariencia y vestimenta.
Por eso deberíamos preguntarnos: ¿Cuánto influirá en nuestro estado anímico y en nuestro desempeño diario, tanto profesional como personal, el mantener nuestras “ventanas” en condiciones…?
Que tengan un lindo día…
Marce.
See totalmente de acuerdo con vos, siempre siempre!! hay ke cuidar el aspecto fisico porke influye directamente en nuestro estado animico y en el de los demas, osea como nos ven los demas. Nuestra imagen es el espejo de nuestro interior y de como nos sentimos emocionalmente